Son las 3 de la tarde de un domingo cualquiera, estás tirada en el sofá con el pijama, sin peinarte y, muy posiblemente sin cepillarte aún (no te hagas, lo sabemos). Todo va bien: dormiste hasta tarde, te tomaste el café sin prisas y la vida es maravillosa… hasta que ya no lo es.
Y es que justo en el momento en que más a gusto estás, aparece esa sensación indescriptiblemente molesta, una angustia que no sabes descifrar bien de dónde viene y, de repente, se esfuma la paz y aparece la inquietud.
Esa mortificación viene en forma de una vocecita que te comienza a decir que qué estás haciendo con tu vida si es domingo y no estás ni trepando un cerro, ni corriendo una maratón, o subiendo stories en un río del interior del país, como el resto de la gente de Instagram. Y así se dañó el domingo, otra vez.
De lunes a viernes: La culpa de la productividad.
Resulta que, aparentemente, si un martes en la tarde te tomas 5 minutos para mirar al techo, si tienes que tomarte un día off por salud, si llegas del trabajo y no te pones a dejar la casa absolutamente impecable, o si la vida no te dio ese día para llegar al gym estás programada para sentirte culpable por ser una vaga improductiva.
Nos pasamos la semana tratándonos a nosotras mismas como a robots cuya tarea es optimizarlo todo, hacer multitasking con 100 tareas a la vez y encima vernos bien y ser amables, y si no cumplimos con una de esas a la perfección el cerebro nos cataloga como ineficientes.
Sábado y domingo: La culpa de ser aburrido
Los fines de semana son la oportunidad perfecta para hacer cosas que normalmente no podemos hacer durante la semana: son días para disfrutar y vivir a otro ritmo. Pero, como old habits die hard, vamos a lo que estamos acostumbradas: buscar algo para sentirnos culpables.
El asunto es que cuando constantemente estamos consumiendo en redes sociales todo lo que sube la gente (incluyendo las versiones maquilladas de las cosas), podríamos llegar a compararnos inconscientemente y sentir la presión silenciosa de que si no vamos a un lugar exótico, a montear, a una villa o a hacer una carrera cada domingo, no estamos viviendo o tenemos una vida aburrida. Y cuando llegamos a este punto, el fin de semana se convierte en un trabajo más, solo que con traje de baño.
Ahora el estatus no es solo trabajar mucho y ser ‘’productivo’’, ahora también es tener el fin de semana cargado de aventuras que se vean estéticas en el reel. Entonces si tu plan de domingo era calentar la pizza que quedó del sábado y maratonear con una serie, todo va bien hasta que abres las redes y sientes que fracasaste en el checklist de fin de semana exitoso.
Cuando el ocio estresa
Me he llegado a preguntar cuándo convertimos el tiempo libre en una competencia de ‘’fronteo’’ de estilo de vida. Honestamente, no tengo idea.
Irse de montaña, a hacer turismo de aventura, a descansar en una villa hermosa o participar en eventos deportivos es maravilloso, si te gusta, y sobre todo si es sostenible para ti. El problema es cuando se hacen estas cosas por encajar o por aparentar, muchas veces sin poder costearlo ni emocional ni financieramente.
Si tu fin de semana se convierte en una sucesión de compromisos para validar en redes que estás viviendo al máximo, dejó de ser disfrute y se convirtió en una tarea más de tu lista eterna de pendientes.
Reivindicando el aburrimiento
Este artículo es un recordatorio de que tienes permiso de aburrirte y hacer cosas ordinarias que te hagan feliz.
Amo los fines de semana de aventura, de compartir con mis seres queridos, de viajar y de ponerme ropa bonita, y los seguiré disfrutando al máximo. Pero también me disfruto quedarme en la casa algunos domingos sin hacer literalmente nada, y me niego rotundamente a permitir que las comparaciones sin sentido y el ruido de las redes me engañen y me hagan sentir que eso es perder el tiempo.
Un fin de semana en el que no hay fotos, ni deportes extremos, ni salidas de la ciudad, también está perfectamente aprovechado si me ayudó a recargarme y me dio paz mental.
Así que, la próxima vez que la vocecita aquella te quiera dañar el domingo, suelta el teléfono, calienta otro pedazo de pizza, pon otro episodio y olvídate del mundo, que tú también te estás dando la gran vida.
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Por una vida y un descanso holgazaneado sin culpa!
Totalmente, el descanso es parte esencial de recobrar fuerzas para intentar seguir dando lo mejor de uno. Un abrazo mi querida Yoca, me encantó leerte 😍
Holaaa, te cuento que por anos si me costo demasiado. Pero tu me has ayudado mucho a cambiar el chip.
Anette! Me alegra tanto saberlo 🥰 you got this!
Sinceramente me alegra saber que no me pasa a mi solamente; ese sentimiento de culpa por la baja productividad me estaba matando literalmente hasta que leí este artículo. Espero con ansiedad los próximos escritos. Abrazos!
Me alegra tanto leerte mi querido amigo!
Qué bueno que te sirviera de alivio leer el artículo, son cosas que tenemos que hablar para no dejarnos arropar de la culpa ni de las pantallas, porque somos muchos en las mismas.
Un Abrazo!