Por esto dejé de correr…

No eres tú, soy yo.

Yo pensaba que esa frase era de pusilánimes amantes del flirteo.
Peeeeero, resulta que también ha sido utilizada por quien les escribe, su querida amiga, autodenominada »La Mala Runner».

Mi historia con el running

Mis intentos de correr iniciaron hace mucho, no se exactamente cuándo. Pero sé que en 2017 llegué a correr distancias de hasta 8 kilómetros, pero me lesioné y me puse a practicar otros deportes. Me olvidé del running… o al menos eso creía yo.

En 2022 me entró de nuevo el gusanito de correr. Me entusiasmé con la idea de hacer algo que en ese momento se sentía imposible: completar una carrera de 10k en mi ciudad natal.

Y así comencé a investigar, a asesorarme, y a construir poco a poco una base. En mi mente no computaba lo lejos que son 10 kilómetros, tampoco tenía idea de cómo eran las carreras porque en mi vida nunca había asistido a ninguna, pero sabía que lo iba a lograr.

En junio de 2023 me puse en serio a seguir un programa (C25K) y para octubre cumplí mi objetivo y crucé una meta por primera vez: espero nunca olvidar la emoción y el orgullo que sentí, fue como si se me desbloqueara la mente y entendiera que podía lograr muchísimas cosas que en un principio parecían imposibles.

De más está decir que ME ENAMORÉ del running. Romper límites, fortalecer el cuerpo, fortalecer la mente, formar comunidad, aprender de los demás, aprender de mi misma, lograr récords personales y, sobre todo, el runner’s high, fueron gasolina que alimentaron mi nuevo amor.

De los 10k, a los 5k y a los 21k

Honrando mi eterna tradición de hacer las cosas al revés, mi primera carrera fue una de 10k, y luego de ahí me apunté en otras, incluyendo de 5k, y así fue pasando el tiempo: días buenos, días malos, pero seguía ilusionada con el running.

Algo que siento que me ayudó fue ir haciendo las cosas a mi tiempo, sin dejarme arrastrar por la presión de grupo. Aprendí a tomar la motivación, y tratar de motivar a otros, sin dejar de entender mi propio contexto, esto es muy importante. Y así, tomándome mi tiempo, me puse otra meta: correr una media maratón.

Llegó 2025 y lo logré. No tengo palabras para describir la emoción y el orgullo que sentí al cruzar esa meta, porque aunque suene cliché es verdad: el día de la carrera es una celebración, las medallas se ganan en el entreno.

Las madrugadas, los grandes fondos, las uñas que quedaron en el camino, las anécdotas de kilómetros con amigos, el silencio de los kilómetros en soledad, los entrenos en el calor sofocante de verano que luego cedieron paso a los entrenos en la oscuridad del otoño… TODO me lo disfruté. Y una de las cosas que me repetía era esta:

Corro porque PUEDO… porque poder correr es un privilegio.

Mi ruptura con el running

Luego de los 21k entraron los meses de fin de año donde, quieras o no, nos solemos salir en mayor o menor medida de nuestras rutinas. Y así cerró 2025 y llegó enero.

El asunto es que año nuevo llegó pero con él no llegó el entusiasmo por correr. Y correr comenzó a sentirse como una tarea. Después de una pausa, volví a la rutina entendiendo que era simplemente vagancia y que la disciplina lo iba arreglar. Pero no.

Mi desempeño y, peor aún, mi felicidad al correr fueron bajando en picada y la frustración subía como espuma en cerveza tibia. Era un círculo vicioso: me frustro porque no me siento bien corriendo y no me siento bien corriendo porque me frustro.

Y así batallé esos meses durante la primera mitad del año: apuntándome en carreras para motivarme con una meta, insistiendo, empujando. Hasta que me quemé y tuve que parar.

Continuará…

Hay segunda parte…

Y si quieres leer más de running:

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