Recuerdo con claridad cuando por ahí por el 2007, con un flequillo peinado hacia el lado y con una diadema (porque Blair Waldorf siempre inspiró más que Serena), idealizaba en la cúspide de los delirios febriles de la adolescencia lo que estaba por venir: ya en el recreo no se hablaba de moda, se hablaba de próximas mudanzas, pénsums universitarios y exámenes de admisión.
El remolino de emociones por las cosas nuevas que se avecinaban lo sacudía todo y, mientras una parte de mis amigos se inclinaron hacia la nostalgia, otra parte, en la que me incluía yo, estábamos totalmente extasiados con la idea de una sola cosa que se veía en el horizonte: la libertad.
Poco me imaginaba que al cumplir 18 lo único que iba a pasar era esto: que me actualizaban el permiso de conducir, y por ende ya mis padres no eran responsables por mis posibles imprudencias.
En casa, en términos de libertad, la vida transcurriría prácticamente igual porque ‘’mientras usted viva en esta casa, usted sigue mis reglas’’. Fuera de casa, comenzaba a conocer muchísima gente nueva y una de las grandes novedades fue que descubrí lo que muchos años después entendería era gente con apego evitativo.
Los 20 son un Bootcamp.
Mi década de los 20 fue muy divertida. Pero si tuviera que elegir una sola frase para describir lo más significativo de esos años sería esta: fue un campo de entrenamiento.
La verdad es que muchas entendíamos que al cumplir 18 mágicamente se nos iba a descargar una actualización cerebral que traería consigo madurez y sabiduría de sobra y que saldríamos a ‘’ganar en la vida’’, cuando lo que pasa en la mayoría de los casos es que son años para equivocarnos, para cambiar de opinión, de carrera, de entornos y, sobre todo, para descubrir, muchas veces con indescriptible dolor, qué NO queremos en nuestra vida.
Los 30 son libertad.
Sorprendentemente, y después de haberla esperado por mucho tiempo, como con 10 años (o más) de ‘’retraso’’, llegaron los primeros destellos de la tan esperada sensación de libertad. Yo que la esperaba impetuosa y flamante, llegó en forma de luz suave y gradual. Y aquí te cuento 2 de las cosas en las que la noté:
- Dejé de perseguir.
Comencé por fin a comprender que el amor y la amistad se cultivan, no se fuerzan. Que los vínculos sanos son carreteras de doble vía y que por más que luchara por sostener una relación, del tipo que fuera, no bastaba con todo mi interés, amor o intención, si la otra parte no estaba a bordo, no iba a funcionar nunca.
También entendí que las relaciones sanas traen consigo una variedad de emociones, pero todas tienen en común esto: que me dan paz.
- Dejé de ser un camaleón.
Ya no siento la necesidad de moldearme para tratar de caerle bien a gente que desde el principio estaba decidida a juzgarme a través de sus carencias y de sus inseguridades.
Esto no es un permiso para ser una persona grosera o desconsiderada y que tienen que aceptarme todo porque ‘’yo soy así’’, como algunos lo han querido desvirtuar. Ha sido comprender que, soy una obra en proceso, como todos, con cosas buenas y cosas a mejorar. Pero no debo fingir ser otra persona para que el círculo de turno me acepte. La sinceridad es lo que conecta de verdad.
Tips prácticos para adultas NO pro Max
Para las que están en sus 20: El kit de paciencia
- Baja las revoluciones: No tienes que tener la vida resuelta a los 25. Si estás cambiando de opinión, de amigos, de look o de trabajo, vas bien. Estás en la etapa de recolección de datos, no en los resultados finales. Y sí, aprovecha y córtate el flequillo, sin culpa.
- Usa los errores como filtros: Cada vez que metas la pata no lo veas como un fracaso; velo como un aprendizaje sobre qué cosas no vas a repetir de ahora en adelante. Créeme, vendrán muchas oportunidades más para meter la pata y para sacarla. No es el fin del mundo, aunque se sienta así.
Para el team 30 y más: El kit de mantenimiento
- Haz auditorías de energía: Ya no estamos para estarle diciendo que sí a todo simplemente por compromiso, ya esos experimentos de los 20 pasaron. Si un ambiente o una persona te drena la batería, analiza las razones y comienza a poner límites y a decir que no, sin culpa. La gente que vale la pena te va a apoyar, y la que no, se va a ir, ganar-ganar le dicen.
- Celebra tu versión sin filtro: Sigue cultivando ese espacio donde dejas de ser camaleón. Invierte tiempo a solas en las cosas que genuinamente te dan felicidad (correr, cuidar plantas, leer, pintar…), sin importar si a los demás les parece aburrido o no te entiendan. No hay que irse a un retiro en Bali, son pequeños momentos de tu día a día que te van sumando.
Si pudieras darle un solo consejo a tu versión de 20 años, ¿cuál sería? Te leo en los comentarios 👀
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ME ENCANTA EL BLOG! no se a donde lo migraste pero quedo…. te felicito!!! gracias por escribir.
Gracias 😍😍
Pues eso significa que quedó bien la migración hahahaha
Gracias por todo el apoyo!