Si aún no lo has hecho, te recomiendo leer la primera y la segunda parte de esta saga donde explico la historia de cómo comencé a correr, y cómo ha sido mi relación con este deporte, desde el enamoramiento hasta la ruptura. Esta es la entrega final.
Hay rupturas que son un alivio, no hay duelo, solo paz. Creo que esto sucede porque en relaciones muy tormentosas a veces hacemos el duelo mientras aún nos encontramos en ella, así que cuando se terminan ya no hay más que llorar ni lamentar.
Y, si leíste la carta en la que rompí con el running, sabrás que la ruptura limpia no fue: hubo reclamos, recriminaciones, culpas y todo tipo de drama, y todo es verdad. Su querida amiga no se prestaría para estar calumniando el running.
Pero como digo una cosa, digo la otra, y tengo que confesarles algo antes de que se enteren por otro lado: rompí el contacto cero con mi verdugo.
Sí, yo tampoco tuve palabra, y no pude mantenerme alejada como pensé….
21 de septiembre de 2026
Querido Running,
Soy yo, otra vez. Te escribo porque si tú has sido implacable, yo soy una sinvergüenza y cara dura, porque dije que me había hartado y con razones de peso corté contacto contigo.
Han pasado unos meses y he estado viviendo aventuras que contigo nunca hubiera podido: he hecho pilates, he caminado a todos los ritmos, volví a nadar, me quedé tirada en el sofá, volví a despertarme los sábados después de salido el sol porque ya no tenía que encontrarme contigo para los fondos. Y fui feliz, no me arrepiento de nada.
Lo que no he entendido es por qué, si me he sentido feliz con mi decisión, después que la tormenta pasó, después que bajé las armas, después que el silencio me regaló paz, volví a pensar en ti.
Y ya no te recordé tan cruel. No, todo lo contrario, después de dejarte comencé a recordar cosas que había olvidado hace tanto.
Recordé cuando usaba una aplicación para prepararme para mis primeros 5k y por error seguí corriendo cuando debí caminar y los hice »por accidente», ese día la borré y nos quedamos tú y yo, sin intermediarios y fue un día glorioso sin que nadie más lo supiera. Lo supe yo, y eso era lo único que contaba.
Recordé que lloré de felicidad cuando crucé mi primera meta. Lloré por la alegría de la meta, por correr las calles del lugar que me vio crecer, ese que, vaya donde vaya, siempre será mi hogar, por ver gente conocida en las calles, porque conocí gente corriendo que me animó como si me conociera desde siempre. Ese día me enseñaste que cada quién corre con su propio ritmo y por sus propios motivos, y que eso está bien.
Luego recordé que me enseñaste a estar presente en el momento, a correr el kilómetro en el que estoy, no ir con la mente en el siguiente.
Tenemos tantas historias… como la vez que me autoimpuse un reto de correr 30 días sin música, y ahí me enseñaste a disfrutar el silencio, a escuchar mi cuerpo, a gestionar la mente, a sentirme plenamente inmersa en el momento, es como una meditación dinámica, y me encantó. Aun terminado el reto mantuve la costumbre de salir a correr de vez en cuando sin música.
Recordé el ciclo de entreno para mi media maratón: sol, luna, luz, oscuridad, calor, frío, humedad, silencio, amistad, soledad, compañerismo, geles, uñas moradas, tenis nuevos, abrazos viejos, agua de coco, carbohidratos, dormir temprano, salir a las 5 de la mañana, correr en lugares conocidos, correr en carretera, subidas, bajadas, intervalos, 18k, caminadora, elevados, desniveles, pecas de brillo, pintalabios rojo, META, medalla.
En ese ciclo me enseñaste que la mente se entrena más que el cuerpo, porque entré con dudas y salí segura. También me regalaste demasiada gente linda que estuvo ahí apoyándome y aguantando mi monotema que eras tú. Me recordaste que hay tanta gente buena que se alegra con las alegrías del otro y eso es algo que atesoraré por siempre.
Me recordaste lo afortunada que soy de contar con un círculo de apoyo tan sólido, y que quien te quiere no necesita siempre entender lo que te gusta para celebrar contigo y apoyarte.
Recordé cuántas veces salí sintiéndome en -1000 y volvía sintiéndome +10,000, porque sí, eres implacable, pero con el runner’s high siempre se me olvida.
Sí, me alejé, y luego entendí que no eras tú, siempre fui yo. Estaba cansada y admitirlo y pausar está bien. No me arrepiento de haberte dejado en pausa, porque en la distancia a veces se vuelve a encontrar el cariño y en la tranquilidad se asienta todo.
Al bajar la marea y calmarse las olas del mar de sentimientos que me arropaban puedo ver con claridad que es normal tener altibajos contigo y que eso no es malo, que las recompensas que das no siempre llegan en el formato que quiero, pero siempre recompensas la constancia.
He entendido también que humanamente es imposible mantenerme en la cima de mis capacidades, pero que puedo y debo aprender a disfrutar cada etapa con lo suyo sin compararlo con lo que hice antes.
Recordé que, aunque me tome pausas de ti, soy una corredora, y ME ENCANTA.
xo,
Naniita
PS: me acabo de dar cuenta que hoy que sale el artículo se cumplen 3 años de mi primera carrera. A full circle moment.
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